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Mondoñedo, capital de provincia (II)
12 / 05 / 2012 > Con voz propia Compartir en Facebook Compartir en Twitter
Proseguimos juntando humildemente datos sobre los tiempos de Mondoñedo como provincia y capital de provincia y hemos de hacer constar que el Procurador General sería elegido anualmente, el día de Año Nuevo.
Se reunían Concejo, Justicia, Regidores, Procurador y las otras personas que quisiesen. Deliberaban todos juntos sobre quien debía ocupar el cargo, eligiendo 5 vecinos de dentro de los muros de la ciudad los cuales echarían suerte entre sí y luego se presentarían a la Justicia para que, entre ellos, escogieran y al escogido el Concejo recibía, el mismo día juramento, otorgándole poder por todo el año.
Su fin principal era velar por la Justicia para que ni el Concejo ni las personas particulares recibieran agravio alguno. No podía ser reelegido la misma persona, y, desde 1530, ejerció también el cargo de carcelero; siendo a él a quien se entregaban los presos con hierros para que con ellos los conservaran.
El Escribano del Concejo se nombraba cada año por el día de Reyes y, por el modo de estar redactadas las constituciones, se deduce que podía ser reelegido.
Pregonero público para dar a conocer las órdenes, y Portero de Consistorio completan, en calidad de subalternos, el sencillo cuadro administrativo de entonces.
La vecindad se adquiría dando fianzas de mantenerla por diez años, y, a partir de 1.557, se perdía por no vivir dentro de los términos del Concejo dos partes del año; siendo exceptuados de esta disposición únicamente los Regidores. Del hecho de la vecindad se derivan después determinados derechos: No sufrir penas sin ser juzgados o sentenciados por Juez competente –los delitos criminales ante los Alcaldes y los civiles ante los Alcaldes o el Vicario-. No ser preso sino en la cárcel del Concejo. No ser emplazados para fuera de la ciudad excepto si fuese mandado del Obispo. Poder traer todo el vino de las viñas que labrasen y no sufrir alojamiento en sus casas estando ausentes de ella.
Cada vecino tenía obligación de empedrar la calle delante de su casa y ninguno podía edificar balcones salientes ni achicar con postes la vía pública.
En el aspecto religioso la obra más trascendental que se llevó a cabo en el siglo XVI fue la fundación y dotación de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de la Pena de Otero, obra del obispo Fray Francisco de Santamaría Benavides quien la dotó en 13 de diciembre de 1558, cuando estaba edificado el templo que se había hecho por mandato del mismo obispo.
Las Pinturas Murales de la nave central de la Catedral son de fines del siglo XV y principios del XVI.
Tras un incendio en el siglo XVI el Palacio Episcopal sufre varios arreglos. La Fuente Vieja, su original arquitectura data de 1548 en tiempos del Obispo Soto.
El antiguo Consistorio se construye en el siglo XVI para lugar de reunión del Concejo (Hoy alberga  en su interior la Biblioteca Municipal, la Oficina Municipal de Turismo y una sala de exposiciones).
La limpieza de la Ciudad fue otra de las grandes consecuencias del siglo XVI. A todos, se prohibía limpiar pan en las calles, así como dar mazazos en ellas al lino; imponiendo a cada uno la obligación de conservar su puerta limpia cada ocho días. Nadie podía lavar en la fuete ni echar cueros a remojar ni llevar río arriba por el río que venía y salía de los molinos de Salvatierra, y si, con arreglo a la costumbre de la época en todas partes, alguien echaba agua por las ventanas tuviera buen cuidado de que “fuese fresca y diciendo tres veces agua va”. Con medio año de destierro, so amenaza, en 1542, a un vecino que parecía tenía la mala costumbre de hacer y llevar estiércol en la calle cabe o cerca de su casa (y desgraciadamente hoy se permite sacar por el día estiércol en zona de casco urbano, cuando ¡!!estaba prohibido hace cinco siglos!!!).
La cultura fue, en el siglo XVI, una de las mayores preocupaciones mindonienses. El 2 de enero de 1553 se nombra el Concejo Maestro con obligación de enseñar a leer, escribir, contar y la doctrina cristiana, dándole casa y eximiéndole de la alcabala (impuesto que representaba generalmente el 10% del valor de lo que se vendía o permutaba) y servicio; determinando que los vecinos “dieran al Maestro los mozos”  y prohibiendo que este cobre cosa alguna a los pobres; disposiciones que don Jacinto O. Picón ha ensalzado grandemente por revelar un adelanto de más de tres siglos en el progreso cultural y pedagógico.
Se cree que hacia 1498 había ya imprenta en Mondoñedo y el Obispo D. Diego de Soto (ya citado) trajo a esta Ciudad al impresor castellano don Agustín de Paz.-
De aquí, de esta época, es de donde debe partir la fama de cultos que siempre tuvieron los de Mondoñedo y no, como dicen algunos, del Seminario de Santa Catalina. Es una opinión nuestra muy particular, reconociendo que no tenemos autoridad alguna para lanzar tal afirmación. Pero es cierto que el citado prestigioso Seminario (el tercero que se fundó en España) fue creado en 1.583, treinta años después de la aparición del Concejo Maestro, espacio en el tiempo que nos puede llevar a opinar que uno fue la continuación del otro, que éste nació por el éxito del primero y que ambos pudieron haber sido los culpables de tan elevada cultura.
Con esta opinión no pretendemos, bajo ningún concepto, sacar o rebajar el prestigio de tal Seminario, porque, sin duda, influyó enormemente en la cultura de Mondoñedo y su comarca, especialmente en el siglo pasado en la parte que nosotros recordamos.
Es de destacar la riqueza bibliográfica de la catedral de la Asunción de la que en la relación de 1572 los canónigos licenciados Molina y Maldonado enviaron a Ambrosio de Morales ocho manuscritos en forma de libro encuadernado (códices) de gran interés.
El Obispo Caja de la Xara en 1586 se preocupó destacadamente por elevar la cultura del clero diocesano ordenando emplearan, como mínimo, tres o cuatro horas diarias en el estudio, imponiendo a los curas la ineludible obligación de nutrir sus bibliotecas con libros entre los que exigió la Santa Biblia que ninguno debía estar sin ella.(continuará, hablando de las malas costumbres de aquellos tiempos).


 LORENZO ARES ROBLES - Mondoñedo

 

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