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Un cuento de Mondoñedo.
28 / 10 / 2016 > Con voz propia Compartir en Facebook Compartir en Twitter
Para escribir esta nota, que se me vino de repente a la cabeza, se me ocurrió plantearme esta cuestión: ¿podría señalar qué cosas son realmente propias de Mondoñedo, de la ciudad como tal y no de los individuos? De la misma manera he recordado que la canción que tiene en su letra el párrafo. “as nenas bonitas...” me condujo a verificar si son las de Ourense o las de Mourente. 
Desgraciadamente, como todo se cambia,  tengo que deciros que he visto que estas muchachas bonitas en unos casos están y en otras hailas, unido a que unas veces es en Ourense y otras en Mourente. Por lo tanto vamos a dejarlo para que otros inicien una docta polémica y nos dejen en paz. Pero sean de donde sean, sin duda es algo que tiene que ver sobre el “patrimonio cultural” de estas ciudades.

Y volviendo a la pregunta considero que, por ejemplo, la catedral está en Mondoñedo y es, con el paso de los años un patrimonio que pertenece al obispado pero no a la ciudad como tal. A ella pertenecen las calles, las plazas, sus  historias y las leyendas, y los cuentos y hasta la manera de ser de sus ciudadanos, eso que se dice idiosincrasia. Y sus aguas, su pan y seguro que hasta el poco latín que queda y el mucho latín que sonó en sus recintos. Su forma de vida, esas tertulias de las zapaterías, bares, sastrerías. De estas me hace recordar un establecimiento de hostelería de la ciudad de Bolonia. Se llama Sartería, y en mi desconocimiento del idioma italiano y fruto de mi imaginación, que me hace pensar que sé lo que no sé, supuse que venía de sartén, porque siendo restauración no podía ser otro el origen de  la palabra. Pues amigo, al ver el anagrama del local pude caerme del guindo y ver que era Sastrería su verdadero nombre. Eso me recuerda que comencé a estudiar un poco de catalán, el día que en un restaurante en la Barceloneta y por la misma mezcla de desconocimiento y atrevimiento, hice la traducción de "pernil de rá, como anca de rana. No lo pedí, y me perdí un excelente plato de jamón. Eso sí, mis amigos se rieron de mí, “a cachón”.
Pues para que no se pierda en el tiempo, he pensado que hay un cuento que está tan perfectamente ambientado en Mondoñedo, que podría decirse que es de Mondoñedo y que hasta con imaginación, en estos tiempos tiene un cierto matiz político, pero no ofensivo para las distintas tendencias.
Situemos la acción. Una tarde de verano cuando ya empieza la luz a alcanzar esos niveles que nos llevan a estar entre "o fusco e o  lusco".
En la carretera, que llamábamos entonces carretera general, la que nos unía con la costa, en la parte posterior del cementerio, ahora viejo, había una curva y contracurva de dudoso y peligroso peralte. Una camioneta que iba lanzada, al dar esas curvas, perdió dos cajas de higos, de las de madera. Unos chavales que lo vieron  y no pudieron parar como es lógico a la camioneta, tras una reunión corta decidieron guardar una y llevarse la otra al cementerio. Cualquiera de las capillas que había era un buen lugar para repartir los higos.
Comienza la acción y se va haciendo cada vez más de noche. Se acerca el encargado de cerrar el cementerio, el enterrador, y consigue oír unas voces sospechosas. Conociendo la "presencia física" del entonces encargado, decidió rápidamente acudir al cercano cuartel de la guardia civil y “al de puertas” le comunicó la situación. 
Se fueron directamente a la capilla el enterrador y el guardia que le ayudaba. Sigilosamente se acercan; ponen el oído y escuchan lo que sigue: “Un pa ti, outro para mín”. Se cercioraron y volvieron a oír varias veces el reparto que estaba llevándose a cabo. Cuando deciden intervenir, el que repartía dice solemnemente: “E agora, ti colle a caixa e eu a tapa, e vamos polos que están fora”.
Ni que decir tiene que “os que estaban fora” salieron precipitadamente del lugar de actos, con el fin de evitar males mayores.
La carretera general y sus curvas, el cementerio, el cuartel de la guardia civil y el enterrador, son Mondoñedo autentico de aquellos años. Por tanto el cuento, cuyo autor desconozco, pudo ser que lo adaptase al entorno, pero desde luego fue magistral y yo lo cuento cuando digo que soy de Mondoñedor.


JOSÉ RAMÓN DÍAZ CRUZ 
 

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