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El edadismo arrincona a los jubilados
13 / 04 / 2020 > Con voz propia Compartir en Facebook Compartir en Twitter
Antes de seguir, un recuerdo y un HOMENAJE a todos los que fallecieron por causa de la pandemia del coronavirus COVID 19, con dos minutos de silencio. Nuestro sentido y sincero pésame con nuestra solidaridad para todos los seres queridos de dichos muertos.

 
Muchas gracias y nuestro más profundo reconocimiento y agradecimiento a las heroínas y a los héroes trabajadores de sectores esenciales, entre los que incluyo a los comunicadores veraces, por su lucha contra la pandemia, poniendo en riesgo su salud para atendernos (habiéndome sorprendido grata y positivamente la excelente labor de nuestro Ejército), a quienes homenajeamos con un CALUROSO APLAUSO.
 
Nuestra solidaridad con los que se quedaron sin ingresos para vivir por la pandemia. Nuestros deseos porque el dinero que llegue de la UE sea destinado para lo que viene y jamás a que algún político sin escrúpulos lo desvíe para subir escaleras en su carrera personal. Honestidad y transparencia. Deseos que amplío para que haya un pacto de unidad y de solidaridad entre Gobierno y Oposición como el de los aplausos de los balcones, aunque visto lo de ayer en el Congreso, como el tono avinagrado o palabras insultantes de la señora Adriana Lastra, lo veo difícil, ni tan siquiera entre los de la élite política, porque ni don Pedro Sánchez es don Antonio Costa, ni tampoco, por lo tanto, el señor Casado es el señor Rui Río.
 
Es muy doloroso para sus seres queridos y muy desconcertante para nuestras pretensiones la cantidad de compañeros jubilados que fallecieron, y en las circunstancias que lo hicieron, por la repetida pandemia. 
 
Es INHUMANO, ES CRUEL, ES MUY SUCIO, que el elemental, fundamental  y universal derecho humano a la vida de las personas, de todas, que es inalienable porque se adquiere desde el nacimiento, choque de frente y sea atacado horrorosamente con el planteamiento de la sociedad y médicos holandeses, correligionarios en la Unión Europea, que rechazaron, (según la Voz de Galicia de 28 de marzo último (y otros), cita que hacemos porque nosotros no queremos alarmar, ni mentir), tratar en la UCI a nuestros compañeros infectados, prefiriendo dejarlos morir en sus casas, sólo por EDADISMO (LA DISCRIMINACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES POR LA SOLA RAZÓN DE SU EDAD). 
 
Que a este planteamiento holandés se haya unido ESTADOS UNIDOS, con lo que han abierto un debate global en el que se mezclan el supremacismo (o la creencia) nórdico de que son superiores a los demás, con el neoliberalismo anglosajón (preferencia del capital privado) y el citado edadismo.
 
Que el Jefe de Epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden (Países Bajos), Frits Rosendaal, pregonara que nosotros (España e Italia) admitimos a personas que los Países Bajos no incluirían porque son demasiado viejas y los ancianos tenemos una posición muy diferente en la cultura italiana y española. 

Que este caballero hubiera recibido el apoyo implícito de la colega Jefa de Geriatría de Gante (Bélgica), Nele Van Den Noortgate, diciendo que “no traigan pacientes débiles y ancianos al hospital. No podemos hacer más por ellos que brindarles los buenos cuidados paliativos que ya les estarán dando en un centro de mayores. Llevarlos al hospital para morir es inhumano” aseguró la doctora, siempre de acuerdo con lo escrito en dicha Voz de Galicia.
 
Como que el Vicegobernador de Texas (Estados Unidos), Dan Patrick, se uniera a ellos abogando claramente por priorizar la economía sobre la supervivencia de los mayores. Al añadir: “Los que tenemos 70 años o más no sacrifiquemos al país”.
 
Que estos ex abruptos lleguen incluso a las más altas esferas, cuando el primer ministro británico, Boris Johnson, advertía a sus conciudadanos de “que muchas familias perderán a sus seres queridos prematuramente debido al coronavirus”.  
 
Que en Francia el Gobierno no contabilizara los muertos en las residencias contagiados por el COVID 19.
 
Que, en Italia, también miembro de la Unión Europea, el protocolo fijaba que los “criterios para el acceso a la terapia intensiva en casos de emergencia deben incluir edades por debajo de los 80 años”. Seguimos, siempre hasta aquí, a la información leída en la Voz de Galicia y en algún otro medio.
 
Y así, estas declaraciones también se cualifican por sí solas. Además, el edadismo es igual o peor que el racismo o el machismo, compañeros. A mi particularmente me dan ASCO Y REPUGNANCIA, señoras y señores.
 
Pero desgraciadamente en nuestra querida España, concretamente en Cataluña, también tiene raíces el edadismo, (según escribió el gran periodista don José de Cora el 2 de abril de 2020) cuando relató: “el Servicio de Emergencias Médicas (SEM) de la Generalitat de Cataluña recomienda no intubar a los mayores de 80 años, limitándose a proporcionarles una “oxigenoterapia con mascarilla”. Así como a optimizar recursos evitando ingresos de pacientes con escaso beneficio, para que redunde en aquellos que puedan aspirar a una mayor cantidad de años de vida salvados.”. “Nuevas clases sociales a partir de la fecha de nacimiento” escribió el señor Cora. Somos nosotros los jubilados las nuevas clases sociales, amigos, de las que un ministro nuestro dijo que el COVID-19 los mata “en tiempo de descuento”, tratando de restar importancia al gran número de fallecidos.
 
Ante lo dicho, ¿Qué nos queda a los jubilados? Pienso que hacerle ver a la sociedad y convencerle de que hay unas personas que merecen un reconocimiento especial, que somos nosotros los más viejos, sobre todo aquellos que viven solos -que son muchos- que respetamos rigurosamente, como los niños, las medidas de confinamiento establecidas por las autoridades. Y al mismo tiempo exigirle RESPETO.
 
Para ello os pido, compañeros, mucho optimismo, que confiéis en el porvenir, mucha esperanza, confianza en que lo vamos a lograr. Trabajar con mucho coraje en nuestras reivindicaciones.
 
Como se dijo escuchamos cosas contra nosotros cuya mera mención es espeluznante. Somos conscientes de que vivimos una crisis tal vez sin parangón. Pero ya nos tocó de sufrir la de 2008 con el famoso 0,25 % que nos empobreció. Y no podemos permitir más ataques que lleguen a devorar la certeza de que tenemos derecho a una vida digna, llenándonos de miedo y de cierta angustia. No podemos permitir que más nos arrinconen.
 
Hay que hacer frente al capitalismo salvaje y a los que se creen más que los demás. Viene al caso la reflexión del gran Barack Obama “un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando solo favorece a los que ya son prósperos”. O la Homilía del Domingo de Ramos del Papa Francisco: “La pandemia nos obliga a descubrir que la vida no sirve sin servir a los demás.” Sólo tener miedo a los que no tienen miedo, a los “tontos” que creen que lo saben todo, porque los inteligentes tienen el valor de la duda. Hay que abrir el debate de cómo nuestra sociedad trató en la pandemia y cómo se trata ahora a los mayores. Lo que se dijo de algunas Residencias pone los pelos de punta. ¿Qué clase de sociedad es esta que aparta a los mayores cuando ya no se pueden valer por sí mismos? ¿Cuál es la calidad de nuestra ética personal cuando buscamos excusas que tranquilicen nuestra conciencia para no tener a nuestros mayores en casa y cuidarlos? Los mayores pagaron el precio más terrible en la pandemia. Fueron las primeras víctimas, y las que más, las más indefensas, las que estuvieron en primera línea con los sanitarios.   
 
Sin unas pensiones y una sanidad públicas y dignas, tal vez pueda que los políticos quieren que se empobrezca y muera la mejor de las generaciones, envidiable mundialmente. La que, sin estudios, educó a sus hijos. La que sin recursos los ayudó durante la crisis del 2008. Los que más sufrieron. Los que trabajaron como bestias. Los que han cotizado más que nadie. Los que pasaron tanta necesidad. Los que levantaron el país y lo llevaron ejemplarmente a una Democracia. Los que ahora tan solo desean disfrutar de sus nietos. Nos están dejando solos y asustados, IR A LA DERIVA. 
 
GOBIERNE QUIEN GOBIERNE LAS PENSIONES PÚBLICAS Y DIGNAS, ASÍ COMO LA SANIDAD PÚBLICA, SE DEFIENDEN.
 
Así lo piensa y lo opina. Fdo.: Lorenzo Ares Robles, colaborador del Grupo de Jubilados y Pensionistas por unas Pensiones Dignas y Públicas en Mondoñedo a 10 de abril de 2020. 

 


 
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